
Carlos Fresneda se encuentra en NUEVA ORLEANS bajo una lluvia intensa y acabando de recorrer los 600 kilometros desde Houston por la autopista 10, la vía de escape de la ciudad acechada con su auto y una LAP TOP nada mas y sin ver ningun auto que lleve su misma direccion. La policía le acaba de informar de que hay toque de queda en más de 100 kilómetros a la redonda. La ciudad de Lafayette, por donde el huracán pasará con toda su fuerza tras alcanzar la costa, es ya una ciudad fantasma. Son más de las 3.00 horas y el viento es racheado, lo que hace presagiar lo peor para el periodista estadounidense. Tengo poco combustible para continuar, pero la suerte se pone de mi lado. A lo lejos veo luces. Parece una gasolinera. Y está abierta. La estación se llama 'Amor' y en ella paran, sobre todo, camioneros. Allí Mark Anderson me llena el depósito, me salva la vida. "Estaré abierto dos o tres horas más".
Estoy a 50 kilómetros de Nueva Orleans. EL policia le recomeinda no avanzar más pero el se resiste El puente de la carretera 10, dice, ya tiene mucha agua.
Las refinerías petrolíferas, que están iluminadas, son mi única compañía en el camino.
Mientras, en el estado vecino de Texas, la vida continúa como si nada.
Estoy a 50 kilómetros de Nueva Orleans. EL policia le recomeinda no avanzar más pero el se resiste El puente de la carretera 10, dice, ya tiene mucha agua.
Las refinerías petrolíferas, que están iluminadas, son mi única compañía en el camino.
Mientras, en el estado vecino de Texas, la vida continúa como si nada.
Esa es la labor de un buen periodista que tiene que vencer cualquier obstaculo para llevar la noticia a su centro de trabajo.

